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No todo es color de rosa


Siempre voy a elegir y me va a encantar viajar. Es más, es una de las cosas que más me gustan, junto con escribir, ver pelis, jugar al fútbol ( si, me gusta ¿y qué?), entre otras. Pero viajar es más que eso. Es mucho más. Es algo que te llena permanentemente sin necesidad de hacer otra cosa a la vez, aunque se puede escribir al mismo tiempo y no molesta, claro está.

Peero como en todo, NO todo es color de rosa. Una de las cosas que odio es andar con las mochilas de un lado para otro y suuper pesadas. Claro, esto es parte inherente del viaje, desde ya, pero que cansador que es.

Otra cosa que está totalmente ligada a esto es que cuando hacés viajes largos terminás super cansada, con hambre, con sueño, sin ducharte, con mal carácter, con pocas ganas de que te hablen, con ganas de no ver a nadie, con...¡sigo?

Hoy, sin ir más lejos, fue un caso de estos. Salí de Cali, del lugar donde me hospedaban, a las 9 y 30 horas aproximadamente. Paré 20 minutos o menos a tomar un café y unas empandas, que por cierto estaban muy feas y eran pequeñas, y seguí hasta la parada del MIO, que es el bus interno de acá. Cuesta 1.600 pesos, super caro, como 0,80 centavos de dólar. Una vez allá hice una sola parada y ya era la última. Mi cara, que no disimula mucho, seguramente transmitía mi decepción. Me dejó cerca de una estación de servicio pero que no era la correcta.

De ahí hablé con el guarda y me explicó que había que tomar otro, no se podía cruzar la calle, sino que nuevamente bajar por dichoso túnel, ya a esta altura estaba extenuada no sólo de volver a tomar otro bus sino de la laarga explicación, y recién ahí cruzar.

Entonces llegué hasta un puente, que se suponía me tenía que indicar el chofer pero éste no me dijo nada, sino que me avisó un pasajero, el mismo con el que había viajado antes. A partir de allí, pregunté al policía donde pasaban los buses para Armenia y me señaló rotundamente que no estaba en el camino correcto, debía cruzar la calle y seguir por la vía que estaba enfrente y fue así que hice lo que me comentó.

Una vez en el lugar decidí hacer dedo aunque no fue tan provechoso el tiempo invertido excepto por un atento taxista que me levantó a mí y al colombiano que estaba al lado mío, que se dirigía a Palmira, una ciudad agradable donde el vehículo común es la bicicleta, que queda a unos 27 kilómetros de Cali y en dirección al norte, o sea hacia donde iba.

Entre conversación y conversación, el destino, que iba a ser una estación de servicio, o bomba como lo llaman acá, dejó de ser el destino y terminé en otra estación de servicio pero de Palmira. Allí nadie paró y los que estaban no me quisieron llevar. En otra nota cuento los pro y los contra de hacer dedo y los prejuicios y las preguntas relacionadas con el tema.

Fue así que decidí parar un bus o buseta, también lo llaman así. El primero me dice que por 18.000 mil me lleva ( unos 9 dólares), le dije que era mucho, me lo deja en 15.000 y me sigue pareciendo mucho. Me pregunta cuánto tengo, le digo 10.000, me dice que es poco. Sigue de largo y mi espera también. A los 20 minutos pasa otro y me subo, casi obligada porque el tipo me sube la mochila sin que yo le dijera que estaba de acuerdo con el precio. 5.000 a Tulua y 15.000 a Armenia.Pagué 5.000 después de preguntar a una chica cuanto costaba.

A lo largo del viaje cambié dos veces más de vehículo. Cuando llegué a Tulua, antes del centro, me pasaron a otra combi y después en otra ciudad que no se el nombre nuevamente a otra. En fin, cuestión que llegué a Armenia a las 16 hs y tenía que estar antes de las 17 hs en la casa del couch. Esperé en la terminal un rato. Para todo esto estaba con hambre, con sueño, cansada, renegando, sin ducharme y con ganar de dormir. Decido, mientras ya estaba impaciente esperando el bus, fumarme un pucho y al ratito llega el bus, como suele pasar. Me subo, le pregunto al conductor si me lleva al destino donde tenía que llegar y, esperando mi dinero, me responde amargamente que si pero no me dice hasta donde va.

El tipo parecía tener más mal humor que yo o ya había nacido con la pata torcida, la cuestión es que nunca le entendí que me dijo y si es que me dijo algo. La chica a la que le pregunté me dijo que no faltaba tanto y que quedaba más lejos de donde ella se bajaba. Fue así que al cabo de unos minutos llego al barrio, luego pregunté a la gente pero todos me miraban con desconfianza y sin saber la simple pregunta que era: " ¿ Cual es la manzana 31?" a una señora que vivía en la manzana 31! esas cosas también me cansan. No sólo las mochilas, el hambre, la sed, el sueño y el cansancio.



Hasta capaz que sería aburrido.


Día de la independencia de Cartagena de España. Se conmemoró el 11 de noviembre de 1811, pero se pasó al día 13 de noviembre para unificar el festivo.




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