Mi Estadía en Kaunas: Housesitting en el Mes Más Frío y Oscuro de Lituania
¡Hola! Soy Silvina, una nómada digital argentina que ha convertido el housesitting en mi forma de vida. Si me sigues en mis artículos anteriores sobre los países bálticos o Chipre, sabrás que amo compartir mis aventuras con honestidad: lo bueno, lo malo y lo inesperado. Esta vez, quiero contarles en detalle mi experiencia en Kaunas, Lituania, durante enero de 2026 – el mes más frío y oscuro del año. Llegué aquí sin conocer a nadie, sin hablar lituano (ni siquiera las palabras básicas), y con un housesit que me obligó a enfrentar el invierno báltico en toda su crudeza. No fue fácil, pero fue transformador. Si estás pensando en viajar sola, hacer housesitting en invierno o simplemente en salir de tu zona de confort, esta historia es para ti.
La Decisión: ¿Por Qué Kaunas en Enero?
Todo empezó con una aplicación impulsiva en Facebook Buscaba un sit tranquilo para trabajar en mi libro sobre housesitting y viajes en solitario, y apareció esta oportunidad: cuidar una casa acogedora en el barrio de Žaliakalnis, con un gato llamado Miau (sí, así de original). La dueña, una lituana que viajaba a España por trabajo, necesitaba alguien responsable durante tres semanas. Acepté sin pensarlo mucho, ignorando que enero en Kaunas es el pico del invierno: temperaturas promedio de -2.6°C durante el día (bajando a -8.5°C por la noche), nieve constante y solo unas 7.9 horas de luz diurna. El sol sale alrededor de las 8:37 AM y se pone a las 4:28 PM, dejando noches eternas que parecen tragarse el día. ¿Por qué no elegí un destino más cálido como Chipre? Porque el housesitting te empuja a lo impredecible – y yo quería probar mi resiliencia como mujer viajera sola.
Llegué el 5 de enero, después de un vuelo desde Riga (Letonia), donde había terminado otro sit. El aeropuerto de Vilnius, la capital, era pequeño y eficiente, pero el frío me golpeó como un muro al salir: viento helado, nieve fina cayendo y un cielo gris perpetuo. Tomé un taxi (usando Google Translate para comunicarme) hasta la casa, un chalet de madera de dos pisos típico de los suburbios lituanos, con calefacción central (¡gracias a Dios!) y vistas a un parque nevado. La dueña me dejó un "home-book" detallado en inglés básico: rutinas del gato, dónde comprar comida y números de emergencia. Pero al cerrar la puerta, me invadió una ola de aislamiento: sola en una ciudad desconocida, sin amigos, sin idioma común. ¿Qué había hecho? Otra experiencia mas en mi cuenta viajera. De todo se aprende.
La Casa y el Housesitting: Mi refugio temporal en la Oscuridad

El housesit era simple pero demandante. Zorro, un gato grisaceo de 8 años, era el rey de la casa: necesitaba comida dos veces al día, agua fresca, limpiar su caja y un rato de juegos por la tarde para no arañar los muebles. el departamento era cálido por dentro: sala con chimenea (que encendía todas las noches), cocina equipada con horno para hacer sopas reconfortantes y un estudio perfecto para escribir. Tenía wifi rápido (esencial para mi trabajo remoto) y una bañera donde me sumergía en agua caliente para combatir el frío que se colaba por las ventanas. Quinto piso sin ascensor.
Pero el invierno báltico no perdona. Afuera, la nieve acumulaba hasta 20-30 cm, y el viento hacía que la sensación térmica bajara a -15°C algunos días. Las noches oscuras empezaban temprano: a las 4 PM ya era de noche, y eso amplificaba la soledad. Sin hablar lituano (solo inglés básico con algunos locales), las interacciones se limitaban a gestos y apps de traducción. Comprar en el supermercado era una aventura: ¿cómo pedir "leche" o "pan negro" sin confundirte? Aprendí palabras como "pienas" (leche) y "duona" (pan) por necesidad, pero las conversaciones profundas eran imposibles. Miau se convirtió en mi compañero silencioso: ronroneaba en mi regazo mientras escribía, y sus miradas curiosas me recordaban que no estaba del todo sola.
Uno de los desafíos mayores fue el mantenimiento de la casa. En enero, las tuberías pueden congelarse si no mantienes la calefacción constante, y el jardín necesitaba palear nieve para evitar acumulaciones. Salía envuelta en capas: botas impermeables, guantes, gorro y bufanda. El primer día que lo hice, resbalé en el hielo y caí de espaldas – nada grave, pero un recordatorio de lo vulnerable que eres sola en un lugar desconocido. Llamé a la dueña por WhatsApp (bendita tecnología) y me aconsejó sal para el hielo. Pequeñas victorias como esa me hicieron sentir más fuerte.
Vida Diaria: Enfrentando el Frío, la Oscuridad y la Soledad
Mi rutina se adaptó al ritmo invernal. Me despertaba con el amanecer tardío, alrededor de las 8 AM, para un desayuno de avena caliente y café. Trabajaba en mi libro por la mañana, inspirada por el silencio nevado fuera de la ventana. Al mediodía, salía a explorar – no podía quedarme encerrada, a pesar del frío. Caminaba por el río Nemunas, que en enero está parcialmente congelado, con bloques de hielo flotando como esculturas naturales. El paisaje es mágico: árboles blancos, puentes iluminados tenuemente y un silencio que solo rompe el crujir de la nieve bajo los pies.
Una de mis caminatas favoritas fue al Casco Antiguo (Senamiestis). Las calles empedradas, cubiertas de nieve, parecen de un cuento de hadas invernal. Visité la Catedral de San Pedro y San Pablo, con sus torres góticas envueltas en niebla, y subí al funicular de Žaliakalnis para vistas panorámicas de la ciudad blanca. El frío picaba en la cara, pero el ejercicio me mantenía viva. Encontré un café acogedor en Laisvės alėja (la avenida peatonal principal), donde pedí un "karštas šokoladas" (chocolate caliente) usando mi teléfono para traducir. La gente era amable: sonrisas tímidas, gestos para ayudarme. A pesar de no hablar el idioma, sentí una conexión humana básica.
La oscuridad era el mayor reto emocional. Con solo 8 horas de luz, las tardes se volvían eternas. Volvía a casa a las 3 PM, cuando ya anochecía, y pasaba las noches leyendo, escribiendo o viendo series lituanas con subtítulos (para practicar el idioma). La soledad pesaba: sin amigos locales, mis llamadas a familia en Argentina eran mi ancla. Hubo noches en que el aislamiento me hizo cuestionar todo – "¿por qué estoy aquí, sola en el frío?" – pero también momentos de claridad: el housesitting me enseñaba resiliencia. Aprendí a disfrutar la introspección, a cocinar recetas lituanas como cepelinai (bolas de patata rellenas) para sentirme productiva.
El lenguaje fue una barrera constante. En el supermercado, confundí productos; en la farmacia, luché para explicar un resfriado. Usé Duolingo para aprender básicos ("labas" = hola, "ačiū" = gracias), pero el lituano es complejo. Sin embargo, el inglés ayudaba en algunos lugares turísticos, y la gente joven era más fluida. Un día, en un parque nevado, un perro callejero se acercó, y eso me recordó a Miau – los animales no necesitan palabras.
Descubrimientos y Lecciones: Lo Bueno en Medio del Frío
A pesar de los desafíos, Kaunas en enero tiene su encanto. Exploré el Museo Nacional de Arte M.K. Čiurlionis, con pinturas místicas que capturan la melancolía invernal lituana – perfecto para días grises. Caminé por el río Neris, congelado en partes, y visité el Monasterio de Pažaislis, un barroco italiano rodeado de nieve, como un oasis de belleza. La ciudad es compacta, ideal para walks solitarios: desde el Castillo de Kaunas (ruinas medievales cubiertas de hielo) hasta el barrio de Aleksotas, con vistas elevadas.
El housesitting me regaló tiempo para reflexionar sobre mi vida como viajera sola. Sin distracciones sociales, escribí capítulos enteros de mi libro, inspirada por la quietud. Aprendí que la soledad no es enemiga: es maestra. El frío me obligó a cuidarme mejor – rutinas de yoga, té caliente, capas de ropa – y la oscuridad me enseñó a valorar la luz interior. Además, ahorré dinero: alojamiento gratis, comidas caseras baratas (un supermercado lituano es económico, con productos locales como queso fresco por 2-3 €).
Un highlight inesperado: una tormenta de nieve el 15 de enero, que transformó la ciudad en un paisaje blanco puro. Salí a fotografiar el Nemunas congelado, y aunque mis manos se entumecieron, la belleza valió la pena. Encontré comunidad online: grupos de expats en Facebook ("Expats in Kaunas" y algunos mas) donde compartí tips, y hasta quedé con una estudiante rumana para un café – mi primera "amistad" local que era muy timida y apenas decia una palabra.
Lo mejor que me paso haber estado ahi es que me regalaron yerba para el mate.
Reflexiones Finales: ¿Valió la Pena?
Terminé el sitting el 30 de enero. (Miaus sanos, casa impecable). ¿Recomendaría housesitting en Kaunas en enero, sola y sin idioma? Definitivamente NO. Es para quienes buscan crecimiento personal, no lujo. Me llevé lecciones valiosas: la independencia se forja en el frío, la soledad se transforma en fuerza, y el mundo es más hostil de lo que parece. Si vas, prepara capas térmicas, apps de traducción, un buen libro y mindset positivo.
Kaunas en invierno no es para todos, pero para mí fue un capítulo inolvidable. Si estás considerando algo similar, empieza pequeño: un sit corto en un lugar familiar. ¿Y vos? ¿Has viajado sola en invierno? ¡Cuéntame en comentarios!
Un refugio temporal


















