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Mi Estadía en Kaunas: Housesitting en el Mes Más Frío y Oscuro de Lituania

¡Hola! Soy Silvina, una nómada digital argentina que ha convertido el housesitting en mi forma de vida. Si me sigues en mis artículos anteriores sobre los países bálticos o Chipre, sabrás que amo compartir mis aventuras con honestidad: lo bueno, lo malo y lo inesperado. Esta vez, quiero contarles en detalle mi experiencia en Kaunas, Lituania, durante enero de 2026 – el mes más frío y oscuro del año. Llegué aquí sin conocer a nadie, sin hablar lituano (ni siquiera las palabras básicas), y con un housesit que me obligó a enfrentar el invierno báltico en toda su crudeza. No fue fácil, pero fue transformador. Si estás pensando en viajar sola, hacer housesitting en invierno o simplemente en salir de tu zona de confort, esta historia es para ti.

La Decisión: ¿Por Qué Kaunas en Enero?

Todo empezó con una aplicación impulsiva en  Facebook Buscaba un sit tranquilo para trabajar en mi libro sobre housesitting y viajes en solitario, y apareció esta oportunidad: cuidar una casa acogedora en el barrio de Žaliakalnis, con un gato llamado Miau (sí, así de original).  La dueña, una lituana que viajaba a España por trabajo, necesitaba alguien responsable durante tres semanas. Acepté sin pensarlo mucho, ignorando que enero en Kaunas es el pico del invierno: temperaturas promedio de -2.6°C durante el día (bajando a -8.5°C por la noche), nieve constante y solo unas 7.9 horas de luz diurna. El sol sale alrededor de las 8:37 AM y se pone a las 4:28 PM, dejando noches eternas que parecen tragarse el día. ¿Por qué no elegí un destino más cálido como Chipre? Porque el housesitting te empuja a lo impredecible – y yo quería probar mi resiliencia como mujer viajera sola.

Llegué el 5 de enero, después de un vuelo desde Riga (Letonia), donde había terminado otro sit. El aeropuerto de Vilnius, la capital, era pequeño y eficiente, pero el frío me golpeó como un muro al salir: viento helado, nieve fina cayendo y un cielo gris perpetuo. Tomé un taxi (usando Google Translate para comunicarme) hasta la casa, un chalet de madera de dos pisos típico de los suburbios lituanos, con calefacción central (¡gracias a Dios!) y vistas a un parque nevado. La dueña me dejó un "home-book" detallado en inglés básico: rutinas del gato, dónde comprar comida y números de emergencia. Pero al cerrar la puerta, me invadió una ola de aislamiento: sola en una ciudad desconocida, sin amigos, sin idioma común. ¿Qué había hecho? Otra experiencia mas en mi cuenta viajera. De todo se aprende.

La Casa y el Housesitting: Mi refugio temporal en la Oscuridad

                              



El housesit era simple pero demandante. Zorro, un gato grisaceo de 8 años, era el rey de la casa: necesitaba comida dos veces al día, agua fresca, limpiar su caja y un rato de juegos por la tarde para no arañar los muebles. el departamento era cálido por dentro: sala con chimenea (que encendía todas las noches), cocina equipada con horno para hacer sopas reconfortantes y un estudio perfecto para escribir. Tenía wifi rápido (esencial para mi trabajo remoto) y una bañera donde me sumergía en agua caliente para combatir el frío que se colaba por las ventanas. Quinto piso sin ascensor. 

                  

 


Pero el invierno báltico no perdona. Afuera, la nieve acumulaba hasta 20-30 cm, y el viento hacía que la sensación térmica bajara a -15°C algunos días. Las noches oscuras empezaban temprano: a las 4 PM ya era de noche, y eso amplificaba la soledad. Sin hablar lituano (solo inglés básico con algunos locales), las interacciones se limitaban a gestos y apps de traducción. Comprar en el supermercado era una aventura: ¿cómo pedir "leche" o "pan negro" sin confundirte? Aprendí palabras como "pienas" (leche) y "duona" (pan) por necesidad, pero las conversaciones profundas eran imposibles. Miau se convirtió en mi compañero silencioso: ronroneaba en mi regazo mientras escribía, y sus miradas curiosas me recordaban que no estaba del todo sola.

Uno de los desafíos mayores fue el mantenimiento de la casa. En enero, las tuberías pueden congelarse si no mantienes la calefacción constante, y el jardín necesitaba palear nieve para evitar acumulaciones. Salía envuelta en capas: botas impermeables, guantes, gorro y bufanda. El primer día que lo hice, resbalé en el hielo y caí de espaldas – nada grave, pero un recordatorio de lo vulnerable que eres sola en un lugar desconocido. Llamé a la dueña por WhatsApp (bendita tecnología) y me aconsejó sal para el hielo. Pequeñas victorias como esa me hicieron sentir más fuerte.

Vida Diaria: Enfrentando el Frío, la Oscuridad y la Soledad



Mi rutina se adaptó al ritmo invernal. Me despertaba con el amanecer tardío, alrededor de las 8 AM, para un desayuno de avena caliente y café. Trabajaba en mi libro por la mañana, inspirada por el silencio nevado fuera de la ventana. Al mediodía, salía a explorar – no podía quedarme encerrada, a pesar del frío. Caminaba por el río Nemunas, que en enero está parcialmente congelado, con bloques de hielo flotando como esculturas naturales. El paisaje es mágico: árboles blancos, puentes iluminados tenuemente y un silencio que solo rompe el crujir de la nieve bajo los pies.


Una de mis caminatas favoritas fue al Casco Antiguo (Senamiestis). Las calles empedradas, cubiertas de nieve, parecen de un cuento de hadas invernal. Visité la Catedral de San Pedro y San Pablo, con sus torres góticas envueltas en niebla, y subí al funicular de Žaliakalnis para vistas panorámicas de la ciudad blanca. El frío picaba en la cara, pero el ejercicio me mantenía viva. Encontré un café acogedor en Laisvės alėja (la avenida peatonal principal), donde pedí un "karštas šokoladas" (chocolate caliente) usando mi teléfono para traducir. La gente era amable: sonrisas tímidas, gestos para ayudarme. A pesar de no hablar el idioma, sentí una conexión humana básica.

La oscuridad era el mayor reto emocional. Con solo 8 horas de luz, las tardes se volvían eternas. Volvía a casa a las 3 PM, cuando ya anochecía, y pasaba las noches leyendo, escribiendo o viendo series lituanas con subtítulos (para practicar el idioma). La soledad pesaba: sin amigos locales, mis llamadas a familia en Argentina eran mi ancla. Hubo noches en que el aislamiento me hizo cuestionar todo – "¿por qué estoy aquí, sola en el frío?" – pero también momentos de claridad: el housesitting me enseñaba resiliencia. Aprendí a disfrutar la introspección, a cocinar recetas lituanas como cepelinai (bolas de patata rellenas) para sentirme productiva.



El lenguaje fue una barrera constante. En el supermercado, confundí productos; en la farmacia, luché para explicar un resfriado. Usé Duolingo para aprender básicos ("labas" = hola, "ačiū" = gracias), pero el lituano es complejo. Sin embargo, el inglés ayudaba en algunos lugares turísticos, y la gente joven era más fluida. Un día, en un parque nevado, un perro callejero se acercó, y eso me recordó a Miau – los animales no necesitan palabras.

Descubrimientos y Lecciones: Lo Bueno en Medio del Frío

A pesar de los desafíos, Kaunas en enero tiene su encanto. Exploré el Museo Nacional de Arte M.K. Čiurlionis, con pinturas místicas que capturan la melancolía invernal lituana – perfecto para días grises. Caminé por el río Neris, congelado en partes, y visité el Monasterio de Pažaislis, un barroco italiano rodeado de nieve, como un oasis de belleza. La ciudad es compacta, ideal para walks solitarios: desde el Castillo de Kaunas (ruinas medievales cubiertas de hielo) hasta el barrio de Aleksotas, con vistas elevadas.

El housesitting me regaló tiempo para reflexionar sobre mi vida como viajera sola. Sin distracciones sociales, escribí capítulos enteros de mi libro, inspirada por la quietud. Aprendí que la soledad no es enemiga: es maestra. El frío me obligó a cuidarme mejor – rutinas de yoga, té caliente, capas de ropa – y la oscuridad me enseñó a valorar la luz interior. Además, ahorré dinero: alojamiento gratis, comidas caseras baratas (un supermercado lituano es económico, con productos locales como queso fresco por 2-3 €).

Un highlight inesperado: una tormenta de nieve el 15 de enero, que transformó la ciudad en un paisaje blanco puro. Salí a fotografiar el Nemunas congelado, y aunque mis manos se entumecieron, la belleza valió la pena. Encontré comunidad online: grupos de expats en Facebook ("Expats in Kaunas" y algunos mas) donde compartí tips, y hasta quedé con una estudiante rumana para un café – mi primera "amistad" local que era muy timida y apenas decia una palabra. 

Lo mejor que me paso haber estado ahi es que me regalaron yerba para el mate.



Reflexiones Finales: ¿Valió la Pena?

Terminé el sitting el 30 de enero. (Miaus sanos, casa impecable). ¿Recomendaría housesitting en Kaunas en enero, sola y sin idioma? Definitivamente NO. Es para quienes buscan crecimiento personal, no lujo. Me llevé lecciones valiosas: la independencia se forja en el frío, la soledad se transforma en fuerza, y el mundo es más hostil de lo que parece. Si vas, prepara capas térmicas, apps de traducción, un buen libro y mindset positivo.

Kaunas en invierno no es para todos, pero para mí fue un capítulo inolvidable. Si estás considerando algo similar, empieza pequeño: un sit corto en un lugar familiar. ¿Y vos? ¿Has viajado sola en invierno? ¡Cuéntame en comentarios!



                                              Un refugio temporal 




Viajar por los Países Bálticos en enero: frío, y la extraña belleza de la nieve



Viajar por los Países Bálticos —Estonia, Letonia y Lituania— en pleno enero no es una elección obvia ni tampoco la mejor. No hay terrazas llenas, ni atardeceres templados, ni una multitud de turistas marcando el ritmo de las ciudades. Hay frío intenso, nieve que cruje bajo las botas, días cortos y la experiencia particular de estar completamente solo en un lugar que no te conoce y al que tampoco conoces y donde la gente no es la mas abierta que digamos. 

El frio como alumno con asistencia perfecta


Enero en los Bálticos no perdona. Las temperaturas descienden con facilidad por debajo de los diez grados bajo cero, el viento corta la cara y la luz del día parece un bien escaso. El invierno actúa como un filtro natural: solo queda lo esencial. Las calles se vacían, los colores se apagan y el silencio gana protagonismo. No es un silencio incómodo, sino uno que invita a mirar con más atención.



La nieve transforma las ciudades. Tallin parece un decorado medieval congelado en el tiempo; Riga adquiere una solemnidad casi cinematográfica; Vilna se vuelve introspectiva, como si sus iglesias y plazas se recogieran sobre sí mismas para resistir el frío. Todo se mueve más despacio, incluido el viajero.


Estar sola, de verdad


No conocer a nadie en este contexto intensifica la experiencia. No hay conversaciones fáciles ni planes improvisados con locales o compañeros de viaje. El día se construye en soledad: elegir un museo para refugiarse del frío, entrar en un café cálido sin entender del todo el idioma, caminar sin rumbo mientras la respiración se vuelve visible en el aire.


La soledad, lejos de ser una carencia, se convierte en una herramienta. Obliga a escuchar los propios pensamientos, a observar los pequeños detalles: el sonido de la nieve al caer, la luz amarilla que sale de una ventana al anochecer, el gesto serio pero amable de alguien que te sirve un té caliente. Es una soledad tranquila, sin drama, casi necesaria.


Ciudades que no se esfuerzan por agradar


Los Países Bálticos en invierno no intentan seducir al visitante. No sonríen de inmediato. Su belleza es sobria, contenida. Las fachadas no gritan colores, los habitantes no son efusivos, y el clima no acompaña. Pero hay una honestidad profunda en esa actitud.


Tallin, con su casco antiguo cubierto de nieve, transmite una sensación de refugio. Riga impresiona por su arquitectura y su aire melancólico. Vilna sorprende por su calidez inesperada, por la vida interior que se percibe más puertas adentro que en las calles. Cada ciudad tiene su propio ritmo invernal, y todas exigen paciencia.

                                                                           Tallin
                                                                     Tallin

                                                                      Vista desde arriba de Riga 

                                                Edificios tipicos de Riga

   

                                           

El cuerpo como protagonista


Viajar con frío extremo vuelve al cuerpo el centro de todo. Hay que vestirse en capas, buscar calor, entrar y salir constantemente de espacios cerrados. Comer deja de ser solo placer y se convierte en necesidad: sopas espesas, platos calientes, bebidas que reconfortan las manos.


El cansancio llega antes, pero también la sensación de logro. Caminar durante horas bajo la nieve, sobrevivir a un día corto y helado, volver al alojamiento con las mejillas rojas y el cuerpo entumecido genera una satisfacción difícil de explicar. Es una experiencia física tanto como emocional.


Lo que queda al final


Viajar solo por los Países Bálticos en enero no es para todo el mundo. No es un viaje fácil ni cómodo. Pero deja una huella profunda. Enseña a estar con uno mismo, a aceptar el silencio, a encontrar belleza en la austeridad.

Uno de los lugares donde mas frio pase fue en Vilnius y Kaunas, ambos no me gustaron, Kaunas aun menos, incluso mas frio que en Noruega o en otro pais nordico, con temperaturas de -17 o -20 grados.




                                                                   Vilnius


Cuando el viaje termina, no quedan grandes anécdotas sociales ni fotos llenas de gente. Quedan sensaciones: el frío extremo, la calma, la nieve, la certeza de haber estado completamente presente. Y a veces, eso es exactamente lo que se necesita.


Porque hay viajes que no buscan compañía, sino claridad. Y el invierno báltico, duro y honesto, sabe ofrecerla.

Chipre: qué se sabe de esta isla

Seguramente cuando mucha gente escucha hablar de este país llamado Chipre, poco se conoce. Quizás, si me hubieran preguntado a mí antes de venir, podría decir que es una isla situada en el Mediterráneo, cerca de Grecia y de Turquía, que es pequeña, que se habla chipriota y que es muy parecido al griego y no mucho más. Bueno, comencemos a conocer un poco más acerca de este lugar un tanto desconocido para mucha gente pero antes hablemos del porqué fui allá. 

Sobre el housesitting que hice

Fui a esta isla en pandemia, en julio del 2021, cuando no se podía ingresar a muchos países o solo aquellos que tenían la famosa vacuna. Entonces busqué un país que no me pedía este requisito y fui.  Al mismo tiempo, tuve una propuesta de housesitting, entonces ni la pensé y fui. Estaba en Creta, en Heráclion, después de haber estado en Chania pasando la primera etapa de la susodicha época. 

Durante el housesitting no pude viajar mucho porque la casa estaba a una hora más o menos de Limassol, que es una de las ciudades más importantes a nivel de importancia económica, y los dueños de la casa (italianos) no habían querido prestarme el auto, ahí se conduce por la izquierda, entonces solo tenía la opción del autobús, que no era muy frecuente.  Había dos perros labradores, el hijo era insoportable y la madre bastante más dócil. Lo bueno del lugar era la piscina, enorme, que la usaba para aminorar los 42 o 45 grados que hacía. 



                          
Siempre era un caos esa casa




Un poco de historia 

La República de Chipre ocupa la parte sur de la isla de Chipre en el Mediterráneo oriental. La isla y su  capital, Nicosia, están divididas con Turquía al norte. 

Cultura: un crisol dividido pero compartido
La cultura chipriota refleja influencias griegas, turcas, bizantinas, otomanas, británicas y levantinas.

Grecochipriotas (sur): Fuerte vínculo con Grecia – música bouzouki, bailes tradicionales, meze, hospitalidad ("kopiaste" = ven, siéntate). Mantienen tradiciones ortodoxas en fiestas como Anthestiria (festival de flores primaverales) o Pascua. La juventud es cosmopolita, influida por medios griegos y tendencias globales.
Turcochipriotas (norte): Influencia otomana y turca – kebabs, baklava, música turca, celebraciones como Ramadán o Kurban Bayramı. Han promovido su identidad propia desde 1974, con periódicos y cambios de nombres de lugares.
Elementos comunes: Ambos lados comparten amor por la comida mediterránea (halloumi, souvlaki, commandaria – vino dulce antiguo), hospitalidad, vida familiar y respeto a la jerarquía (influido por religiones). A pesar del conflicto, hay respeto mutuo en lo cotidiano y libertad religiosa constitucional en el sur.

Lugares de interés 

Conocida por sus playas, también tiene un interior escabroso con regiones vitivinícolas. En la costa, Paphos es famosa por sus sitios arqueológicos relacionados con el culto de Afrodita, incluidas las ruinas de palacios, tumbas y aldeas con mosaicos de azulejos.

Cuándo ir:

Chipre es una isla con más de 300 días de sol al año — ¡el lugar más soleado del Mediterráneo! El clima es mediterráneo clásico: veranos muy calurosos y secos, inviernos suaves y lluviosos (sobre todo de diciembre a febrero), y primaveras/otoños perfectos. En 2026, espera algo similar a años anteriores, con la novedad de que Chipre preside la Unión Europea del 1 de enero al 30 de junio – eso podría traer más eventos, conferencias y un poco más de movimiento en hoteles y vuelos durante invierno y primavera.
Aquí va el breakdown mes a mes (temperaturas promedio en costa, como Limassol/Paphos/Larnaca; en Troodos Mountains baja 8-10 °C y puede nevar
Religión principal

Sur (grecochipriotas, ~70-80% de la población total de la isla): Predomina el cristianismo ortodoxo griego (alrededor del 74-89% según censos recientes del área controlada por el gobierno). La Iglesia Ortodoxa de Chipre es autocefálica (independiente desde el siglo IV) y tiene un rol enorme en la identidad nacional, política y cultural. Monasterios como Kykkos o Stavrovouni son centros espirituales clave, y fiestas como Pascua ortodoxa o el Carnaval son celebradas con procesiones, iconos y tradiciones bizantinas. Es una de las sociedades más religiosas de la UE.
Norte (turcochipriotas y colonos turcos): Mayoritariamente islam sunita (estimado 97% en el norte, aunque muchos son seculares). Hay mezquitas históricas (como la Selimiye en Nicosia, antigua catedral gótica convertida) y prácticas islámicas influenciadas por el legado otomano (siglos de dominio turco). Algunos son alevíes o menos practicantes.
Minorías y diversidad creciente: En todo Chipre hay católicos romanos,  anglicanos/protestantes , maronitas, armenios apostólicos, budistas, hindúes, sijíes y ateos/no declarados (17% en censos recientes no responden o no tienen religión). La inmigración ha aumentado esta diversidad (expats, trabajadores de Asia, etc.)
Chipre tiene más de 300 días de sol al año – ¡el más soleado del Mediterráneo, junto con Grecia!

Mejor época: abril-junio y septiembre-octubre. Temperaturas agradables (22 a 30 °C), playas sin multitudes, precios bajos y perfecto para hiking en Troodos o explorar ruinas.
Verano (julio-agosto): muy caliente (35-40 °), ideal para la playa pero agobiante en el interior; peak season, caro y lleno.
Invierno (diciembre-febrero): suave (15-20 ° en  lacosta), fresco en montañas (inclusa nieve en Troodos para esquí). Bajo turismo, precios bajos – genial para slow travel. Evita  ir en julio-agosto si odias el calor extremo.

Moneda: En el sur (la parte más visitada y accesible para la mayoría) está el euro (€), como en toda la zona euro. En el norte: lira turca (TRY), aunque muchos aceptan euros o tarjetas. Tip: lleva efectivo en el norte para mercados o taxis, y cambia pequeñas cantidades – la lira fluctúa mucho.

Vayamos a otros datos importantes: 

Transporte: No hay tren ni metro — el coche es el rey.
Aeropuertos principales: Larnaca (LCA) y Paphos (PFO) – vuelos baratos desde Europa.
Alquiler de coche: lo recomiendo 100%, desde 25 a 50  euros al día, en verano pero es mucho más barato en invierno. Carreteras buenas, pero se conduce por la izquierda, debido a la colonización, por supuesto, británica.
Buses públicos: baratos y decentes en el sur (1,50 € intraciudad, 5-15 € interciudad con Intercity Buses). Apps como cyprusbybus.com ayudan. Rurales menos frecuentes. En el norte, buses irregulares.
Taxis: caros (usa Bolt app donde esté disponible).
Ferries: limitados, algunos a Grecia o Egipto desde Limassol (estacionales). Para cruzar la Línea Verde: peatonal o en coche (con seguro extra), fácil en Nicosia.
La cultura chipriota refleja influencias griegas, turcas, bizantinas, otomanas, británicas y levantinas.
Grecochipriotas (sur): Fuerte vínculo con Grecia – música bouzouki, bailes tradicionales, meze, hospitalidad ("kopiaste" = ven, siéntate). Mantienen tradiciones ortodoxas en fiestas como Anthestiria (festival de flores primaverales) o Pascua. La juventud es cosmopolita, influida por medios griegos y tendencias globales.
Turcochipriotas (norte): Influencia otomana y turca – kebabs, baklava, música turca, celebraciones como Ramadán o Kurban Bayramı. Han promovido su identidad propia desde 1974, con periódicos y cambios de nombres de lugares.

Elementos comunes: Ambos lados comparten amor por la comida mediterránea (halloumi, souvlaki, commandaria – vino dulce antiguo), hospitalidad, vida familiar y respeto a la jerarquía (influido por religiones). A pesar del conflicto, hay respeto mutuo en lo cotidiano y libertad religiosa constitucional en el sur.

En resumen: Chipre es un mosaico donde la religión ortodoxa define el sur (identidad grecochipriota) y el islam el norte (turcochipriota), pero la isla entera mezcla Oriente y Occidente en su cultura diaria. Si viajas, notarás la división en Nicosia (capital dividida) y cómo la fe moldea festivales, arquitectura y vida social.
Palabras útiles (en griego chipriota – el dialecto es fuerte, pero todos entienden griego estándar y mucho inglés)
Palabras básicas que se usan en Chipre y en Grecia también:


Hola: Ya sou (informal) / Ya sas (formal)
Buenos días: Kalimera
Gracias: Efharisto
De nada / Por favor: Parakalo
Sí / No: Ne / Ohi
¿Cuánto cuesta?: Poso kani?
Una cerveza, por favor: Mia bira, parakalo
¡Salud!: Stin iyia mas!
Bienvenido : kalosórisma

Disculpa / Lo siento: Signome


Chipre me dejó con ganas de volver: playas como Nissi o Fig Tree, ruinas en Kourion, vinos de Commandaria (el más antiguo del mundo), montañas Troodos con senderos y pueblos de piedra. Es un destino para desconectar, comer bien y sentir esa mezcla única de Oriente y Occidente. ¿Lo has visitado o planeas? ¡Contame en comentarios!


                                                     Nissi


Peatonal cerca de Limassol
                                                      Las playas son muy lindas
               

La casa era un caos siempre
La casa era un caos siempre





Hacer dedo puede ser una mala experiencia


Viajes de viajar literalmente tengo algunos, no se si muchos o pocos, porque el mundo es muy grande y queda mucho aún por ver. Pero lo que sí se es que hacía mucho que no la pasaba tan mal en un viaje haciendo dedo con un camionero.
Ese día no iba a ser fácil, salí de Santa Fé, y el colectivero, tal como le dije, me avisó donde me tenía que bajar: Santo Tomé. Lo que no me dijo fue que ahí nadie iba a parar y que tenía que caminar mucho para llegar a un peaje y la posibilidad de que alguien me llevara.
Entonces me bajé donde me dijo, fui al baño de la estación de servicio y empecé a caminar. Me detuve en el segundo semáforo, como me indicó un hombre al que le pregunté, y esperé y esperé. Nadie paró. Cargué sin ganas mis dos mochilas pesadas, que siempre me pregunto porque llevo tanta ropa, y caminé. Me cansé y paré. Nadie paró. Caminé un poco más y paró una camioneta-camión de una empresa, que no tuve la precaución de mirar el nombre ni la patente.  Subí y el tipo era “simpático” y me miraba. Me llevó hasta el peaje y al bajar me dijo si estaba apurada a lo que respondí que sí y me dijo que sino lo podíamos “pasar bien”. Le contesto que no y me dice si le doy un beso y el teléfono. Le digo que está equivocado y me bajo enojada.
Camino, levanto el dedo y enseguida paró un camión. Miré al pasar la patente y veo al tipo. No me agradó del todo pero tampoco me pareció un degenerado, como saberlo tendría que preguntarme, subí y crucé el peaje. Los que atendían me miraban como advirtiendo algo que no sabía que era. Sigo viaje con el tipo y me pregunta por mi nombre y alguna pavada más. Al cabo de un rato ya me puse incómoda. El tipo me miraba a cada rato. En un momento le pregunté si iba vacío o cargado, a lo que responde: “Yo voy cargado de leche”. Hice de cuenta como si no escuché nada. Creo que en ese momento lo tendría que haber mandado a la mierda. Después dijo que estaba lindo para hacer el amor, a lo que contesté  secamente que no. Pensé que la iba a cortar ahí, pero no. Después, y ya estaba muy enojada e incómoda, me preguntó si yo no culeaba como las otras mochileras a lo que respondo que no. Estaba en el medio de la nada y lloviendo. Yo lo quería reventar. El tipo, no se porque, llevaba dos cuchillos, uno más grande que otro. La última pregunta fue directamente si no iba a coger a lo que le dije secamente que no. Le dije que me bajara ahí y así fue. Me bajé y solo atiné, lamentablemente, a decirle que era un desubicado. Tampoco podía hacer mucho más. Tomé el número de la patente.  Todo lo que se, según dijo el tipo es que trabajaba en una planta de Santa Fé, que tenía 28 años, un hijo y la camiseta de Colón. Es un tipo morocho, con una colita en ese momento y de lentes. Sin dudas fue  uno de los peores recuerdos de viaje.  Ya no tengo muchas ganas de hacer dedo.
Por suerte, eso fue hace mucho tiempo, hace mas de diez años luego de eso creo que estuve bastante tiempo sin hacer autostop.


Radiografía de un país caliente

 Hay momentos, emociones, sensaciones, situaciones que muchas veces nos superan y no sabemos ni podemos ni queremos expresarlas con palabras porque simplemente no nos sale, porque lo que acontece sobrepasa la verbalidad. Por eso que necesitamos escribir, o necesito, cuando me pasa eso. Un ejemplo es con el deceso de Maradona. Me vienen a la mente un sinfín de pensamientos diversos y contradictorios al mismo tiempo. No quiero decir lo ya conocido, lo innegable, su popularidad, su inigual juego dentro de una cancha de fútbol, su prestigioso pie y bolea y todo lo que se ocurra jugando al fútbol pero y de la vida privada qué? es necesario hablar o no. ¿Por qué cómo hacer para no separar? Para decir que era alguien perfecto cuando no lo era. Pero ahora no hablamos de esto sino de la conmoción, de lo que no se puede expresar porque tantas veces viajando al decir de dónde venía lo primero que decían era su nombre, porque tal vez no conocían donde estaba Argentina pero sí quién era Maradona o Messi. 

Esa sensación de grandeza que llega a todo el mundo, que no discrimina religión ni sexo ni edad. Pero eso ya pasó y si bien me tocó de cerca, porque estoy en el mismo país donde lo consideran, al igual que en Argentina, Dios. Lo que puedo decir es que era humano, aunque con la pelota no parecía, porque cometía errores como muchxs. Quizás tenía la virtud, tan poco común por estos tiempos, de la honestidad y de ir de frente. Pero ahora no quiero hablar de Maradona. 

Ahora quiero hablar de la estupidez humana, que es mundial. De cuando la gente no habla con sinceridad o cuando oculta y esto no discrima países. Una de las cosas que me gustan de Italia es esto. La estupidez de la gente, el hecho de que se pueden permitir hacerte esperar o hablarte mal, esto sobre todo en las oficinas gubernamentales, donde no tienen respeto alguna por la gente, donde siempre tenés que acatar sus órdenes y tenés que llamar cientos y ciento de veces para saber cuál es el estado de un trámite, que deberían hacer ellxs. 

Argentina tiene mucha similitud con Italia. La forma de ser de la gente, aunque encuentro a veces más ruda, mal educada y hóstil a la gente del país mediterráneo; lo modismos, la forma de hablar, el acento ,la cultura y el amor por las mujeres y el fútbol. Porque si algo tienen los italianos, hombres, es que son muy mujeriegos y vendehumos. Y, por supuesto, como en todo país, cambia mucho el humor, caracter y trato de la gente y el clima. En el sur, la gente grita aún más. Parece que estuviera enojada. Habla mal, no escucha. No respetan a lxs peatones y tocan bocina todo el tiempo por cualquier cosa. En la capital, son más o menos así pero gritan un poco menos y hablan el "romano". La gente del norte es más hosca y parca. Cumple, en general, un poco más lo que promete, y dicen, trabaja más. 

No todo es malo. De bueno, se puede rescatar la comida, no hablo de la pizza porque no es una de mis comidas favoritas, sino la pasta, aunque la cocinan cruda para mi gusto. El vino no es malo. 

Lo que se ha visto en este tiempo virulento es que la gente está más loca, agresiva  y egoísta, sobre todo lo vi en este país. La empatía carece por su ausencia y se vio reemplazada por la falta de escrúpulos y el "hago lo que quiero" o el "vale todo". Los valores, bien gracias, vaya a saber si existieron.  

Olvidate de que algo se haga tal como dicen. Cada comune, municipalidad, tiene sus propias "normas", se rige por como le sale, que muchas veces no es la mejor manera. También depende quien te atienda y cómo se haya levantado podés tener suerte o no, hacer una fila de horas y horas para que te digan que tenés que ir a otra oficina o llamar a tal lugar. No hay una regla exacta para nada. Y si hay se rompe, porque en este país las reglas están para eso y no existen ni tiempos ni precisiones para nada.

Algo que aprendí, pero que me cuesta mucho aún, es que en la vida hay que ser más egoísta, siempre una debe estar antes y que todo puede ser de una manera pero también puede ser de la otra. Que la resiliencia sirve y mucho porque la vida te lo exige, que ser diferente al resto es un beneficio, pero también una desventaja en un mundo hipócrita y materialista.

Cuando me encuentro con situaciones o personas adversas tiendo a preguntarme qué hice de mal o por qué otra vez me encuentro con lo mismo.  ¿ Por qué me encuentro con gente idiota así porque sí, o el virus los volvió más idiotas aún?  La gente es como es y cada quien con sus problemas, pero sí es verdad que cada país tiene su idiosincrasia y la gente forma de ser y ver las cosas. 

Cuando me fui de Viterbo, a unos 100 kilometros aproximadamente de Roma, no estaba segura de que tomaría la mejor decisión. Tenía un instinto de que esa persona no era correcta o que había algo que no estaba bien. ¿Cómo lo noté? Porque no me respondía enseguida, sino a veces al otro día y ni siquiera pedía disculpas o saludaba y cuando le pregunté que pasaría si el test me daba positivo tampoco me contestó. Porque me obligó  a hacer el test. Ese fue otro indicio, otra señal que ignoré. Y dejame decirte que las señales son por algo.

Llegué al aeropuerto de Catania alrededor de las 9 de la mañana, por segunda vez,  la primera vez había ido acompañada, y la mujer esta del voluntariado, porque eso era lo que iba a hacer, me hizo esperarla como cinco horas. Ese mismo día, no antes, me avisó que tenía varias reuniones y que una, oh que generosa, a las 16.30 horas la había suspendido porque había llegado yo. 

La conversación desde la ciudad hasta su casa, que fueron unos treinta o cuarenta minutos, no fue de lo más amena, me dijo que se estaba separando, critico a su futuro ex marido y me tiró alguna pálida de rebote. Al llegar el hijo estaba en pánico por si tenía el virus, me miraba de lejos y de reojo, las comidas eran uno en cada punta de la mesa y había una tensión que hasta podía cortar la carta. Ya ese mismo día me dije a mi misma que no había tomado la decisión correcta y que tendría que haberle hecho caso a las señales. Pero ya estaba ahí. 

Los primeros dos días dormí en la roulete, caravana, y sentía el ruido de las plantas que se movían a la noche por el viento contra la parte trasera de la misma y me despertaban. Al día siguiente, después de haberme hecho el test, me fui a la habitación de la casa, previamente la acomodé porque era un desastre. Sólo estuve una noche ahí. Al otro día me fui. Le dije que no me sentía cómoda, que no sabía que hacer, ni siquiera cocinaba o me preguntaba si estaba todo bien, así que le dije eso y lo único que me preguntó fue qué había hecho y si me quería ir. Nunca quizo acomodar o arreglar las cosas. Yo me había tomado un avión, había dejado muchas cosas detrás para eso, para estar tres días y pasarla mal. Sentí que era una de las peores decisiones, pero esto ya está y las cosas y hechos no vuelven atrás. 

Me llevó hasta la estación de trenes y volví al punto de llegada, ahí me fui a un hostel. De Guatemala a guatepeor. 

Me mudé de un lugar, entre otras cosas, porque había mucho ruído, la ventana daba a la avenida y hasta la tarde se sentía el ruido de los autos. Después de no haber salido bien otra cosa, me meto en otro lugar que la ventana da a la calle. Los ruidos me presiguen, mientras escucho y quiero taparlos con lo que dice. Pero hay otros ruidos que no se pueden tapar.