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El arte de perder el tiempo


Esto no es parte demi viaje ni una experiencia propia, es un escrito que hice para un taller. Creo que hay muchas manera de perder el tiempo, y día a día y de algún otro modo, se pierde. Cuando no hacemos lo que queremos o cuando no decimos lo que sentimos o decimos lo que pensamos son diferentes maneras, también de perder el tiempo. Quizás te ayude a reflexionar, y quizás, es hora de comenzar a disfrutar del valioso tiempo en lugar de desaprovecharlo.


Se trata de un ejercicio que consiste en no hacer rendir el tiempo. Es decir, por ejemplo, desperdiciar un día entero . Parece difícil pero no lo es,  sino todo lo contrario.  Lo primero que hay que hacer para que funcione, la regla número uno, es acostarse tarde el día anterior y cuando digo tarde, me refiero a las cinco o seis de la mañana ( tiempo en el que obviamente no estuvo haciendo nada productivo).
Por supuesto que al día siguiente, o, mejor dicho, ese mismo día se va a levantar tarde. Me refiero a las tres o cuatro de la tarde. Una vez que se levanta, tendrá que cocinar algo o tomar unos mates para hacer la previa al almuerzo-merienda que se hará ( supongamos el domingo).
Para hacerse unos buenos mates tendrá que estar un rato calentando el agua en una pava eléctrica o en la cocina. Si tiene la primera opción, como en la segunda, tendrá que llenarla de agua de la canilla, si es potable, creemos que si, y luego colocarla en el lugar correspondiente para calentarla.
Una vez que se caliente,  no la haga hervir porque sino tendrá que hacer nuevamente todo este proceso, tendrá que hacer el mate. Sí, después para poder desaprovechar más tiempo. Busca la yerba, que ya le queda poco ( menos de la mitad del paquete), sin prisas, que seguramente tendrá allí debajo de la mesada, pero falta aún el mate y la bombilla. Entonces tendrá que buscarlos, como no los ve a simple vista, deberá tratar de encontrarlos en algún lugar que no sea donde siempre los deja, pero como se levantó tarde y no recuerda donde lo puso el día anterior entonces lo busca por cualquier lugar menos el correcto. Hasta que recuerda, unos diez minutos después, que estaban en el mismo lugar de siempre. Ahí, en ese momento, ya perdió tiempo. Una vez que lo encontró, tendrá que enjuagarlo. Esto no le demandará mucho tiempo pero si lo suficiente como para calentar de nuevo el agua que se enfrió porque estaba en la jarra eléctrica.
Nuevamente ahí ya demoró cinco minutos. Una vez que está el agua lista, le pone yerba al mate y un poco de agua fría, para que no se queme ( eso ya lo sabe). Como toma el mate dulce, ahora debe buscar el azúcar. Pero esta vez sí recuerda que lo había dejado en la alacena del pasillo que va al comedor que luego va al dormitorio.
Ahora le  echa un poco de azúcar al mate y después el agua y ahora se lo lleva a la boca. Este proceso lo repite varias  veces hasta que se sienta llena, sólo de mate. Mira la hora y son las cinco de la tarde. Se acuesta en el sillón o en la silla y se pone a buscar algo en la televisión Como en la primera vez que busca o encuentra nada, ahí ya perdió unos diez o quince minutos, hace nuevamente el recorrido por todos los canales y sucede lo mismo. No hay nada en televisión, como de costumbre y más siendo un domingo. Entonces no sabe que hacer. Se pone en facebook y empieza a mirar las publicaciones de sus amigos. De pronto ve alguien en una playa con su pareja o así lo hace notar cuando lee “ Feliz con mi amor”. De repente usted se pregunta por qué usted no puede estar haciendo exactamente lo mismo, en el mismo lugar y con una pareja pero no encuentra la respuesta, entonces empieza a traumarse y a maquinar y no para y piensa que su vida es un desastre y que todo el mundo es feliz porque está de vacaciones o en un lugar paradisíaco disfrutando y usted está trabajando en un lugar nada turístico, sin playa y sin ver nada en la televisión.
Ahí, en su cabeza, mientras voló al lugar de las fotos que vio en el facebook de su amiga, perdió unos veinte minutos y ya son las seis de la tarde y aún no le dio de comer a la perra que la espera ansiosa y moviendo la cola afuera. El gato tampoco comió y sus maullidos fueron lo que la despertaron, sino seguiría durmiendo, pero como no le dio alimento al pequeño felino, aun se siguen escuchando sus voces que claman comida. Y ahí va usted, con muy pocas ganas, buscando la comida para la perra primero, porque es su mascota preferida porque no la molesta y es obediente y no le produce dolor de cabeza como el gato, a quien quiere castigar pero al final no lo consigue, porque sus maullidos son una tortura. Entonces hace cualquier cosa para callarlo, como darle de comer.  Pero esto lo hará después.  Ya alimentó a la perra. Ahora le toca al felino que no para de chillar. Ahí está debajo de la mesa y rozando su cola entre sus piernas, piel a piel porque su pollera no es demasiada larga. Y el no para. Se propuso eso hasta que no obtuviera su comida. Y por fin la tiene pero parece que no está del todo contento o no es lo que esperaba porque sigue rezongando. Y usted ya no sabe que hacer para callarlo, entonces lo saca afuera, por la puerta de adelante pero el se queda delante de la puerta reclamando. No para. Entonces lo entra  y le da algo de grasa de la heladera, ya cansada y con pocas ganas, le dice: más vale que te calles porque sino te tiro por ahí y no volves. Como si el la comprendiera, finalmente se calla. Parece que la grasa era suficiente porque no volvío a abrir su boca. Entonces el gato se recuesta en el piso y se relame  su lomo. Usted lo mira y sabe que cumplió su cometido. Al fin, se dice para si.  Ahora falta ver en que gasta el tiempo lo poco que queda del día, porque ya son las siete y, por suerte, hoy no vino nadie a visitarla.
 En la televisión no hay nada, en facebook son todos felices, en la radio pasan sólo música, ganas de salir no hay. Ya alimentó a las mascotas, ya tomó mate y ya son las siete y media de la tarde. Entonces tiene que pensar qué cenará esta noche. Pero como no tiene ganas de cocinar, no piensa. Y se acuesta en la cama y ahí  otra vez se dice para si misma porqué está ahí y no en la playa pero, como siempre, no tiene respuesta.
 Entonces se levanta y  come unas masitas que había dejado arriba de la alacena. Están un poco duras porque ya tienen varios días y la bolsita estaba abierta.  No tiene mucho hambre pero está aburrida, entonces sigue comiendo y piensa en lo que tiene que hacer el día lunes, que es ir a trabajar, pero que no tiene ganas.  Se queda pensando en eso diez minutos mientras con el pulgar de la mano derecha se deja caer  sobre el hombro un mechón de la blanca y larga cabellera y cuando mira el reloj,  que tiene colgado en la pared, ve que son las ocho de la noche. A todo esto no sabe que va a cocinar para la cena pero no se preocupa, es temprano aún. Ya no piensa más en las fotos. Ahora  ocupa su mente en la escasez de ganas de trabajar el día lunes. Decide volver a encender la televisión, tal vez ahora encuentre una buena película, piensa, pero luego de hacer zapping por todos los canales no se decide por ninguno y lo apaga. Ya son las ocho y media.
La perra quiere entrar a la cocina pero no la deja. No tiene ganas de alimentarla nuevamente. Entonces sigue rasguñando la puerta y usted hace como si no la escuchara. Enciende la radio y se pone a escuchar una melodía que estaba sonando, que la hace regresar en el tiempo, allá por la década de los 70´ cuando aún no tenía tantas obligaciones como ahora. Se queda pensativa como si  la música la hubiese  transportado a aquélla era. Ahora la tararea porque es una canción que le gusta y le trae bellos y reconfortantes recuerdos de sus épocas de adolescente.  Pero se acuerda enseguida que el hambre aflora pero no sabe ni decidió aún que cocinará. Es una incógnita incómoda porque nunca le gustó cocinar. Tampoco quiere llamar al delivery porque no le gusta la comida preparada. Salvo la de Juan, el chico que está al lado del hospital, el resto no tiene sabor a nada. Entonces, y pese a su apatía por la cocina, se hace la comida usted misma. Lo único que tiene son dos papas, una zanahoria, una cebolla y un tomate. Como es domingo, los bolivianos tienen cerrado.
Busca las verduras debajo de la mesada, las lava y las pela a todas salvo el tomate, y las pone en la olla que estaba sobre la cocina. Llena la olla, prende el fuego de la hornalla y la tapa. Sigue escuchando la radio que continúa con música, ahora suena Elvis Presley, le levanta el ánimo y casi hasta ganas de bailar tiene pero como recuerda que no sabe bailar no lo hace, no se quiere avergonzar ante su propia presencia.
El agua hierve pero las verduras aún están crudas. El verano del 92’ le dibuja en el aire la melodía de una letra que sabe y a la que acompaña con su voz. Mientras, la perra sigue queriendo entrar pero la ignora. Nunca se puso a pensar para que tiene mascotas si no les da el cariño, el espacio y el tiempo que se merecen. Esa y otras preguntas nunca se las hizo ni se las hará.
Busca un plato, un tenedor y un pedazo de pan. El vino tinto de caja está en la heladera pero no muy frío. Lo pone en la mesa. Cuela el agua de la olla y sirve las verduras en el mismo plato que sacó. Come lentamente porque el vapor que sale es abundante. No se quiere quemar y tampoco hay apuro. Se lleva el vaso de vino a la boca, lo saborea como si fuera un buen vino. Corta con la mano un poco de pan, que es de ayer, porque no tenía ganas hoy de ir a la panadería y lo mastica, también despacio. El segundo trago largo de vino ya pasó por la garganta. Ahora a comer. Aún está caliente pero no tanto. No tiene sabor a nada porque se olvidó de ponerle sal. La va a  buscar, no la encuentra en la alacena ( donde se suponía que tenía que estar ) y se queda pensando por un instante donde la dejó. Unos minutos después recuerda que la había dejado en la punta de la mesa pero, como no miró para ese lado antes, no la vio.  Agarra la sal y esparce un poco sobre las verduras. Ahora, al menos, no están desabridas. Come una papa, luego la zanahoria y la cebolla. El tomate quedó ahí mismo donde lo había dejado. No  tuvo ganas de hacer una ensalada. Terminó de cenar y ya son las nueve de la noche. Deja el plato y el tenedor en la pileta junto a la olla para lavar pero no lo hace.
Va a la heladera en busca de algo más pero está vacía. Sólo medio limón. No fue al supermercado hoy ni ayer, tampoco antes de ayer. No tenía ganas. Con cara de poca felicidad va a la habitación, quiere buscar la ropa para mañana para trabajar, como siempre hace, porque se levanta temprano y de malhumor pero se recuesta sobre la cama. El reloj suena y marca las siete de la mañana. Hora de ir a trabajar.

Tiempo de reflexión


En estos años que llevo viajando, creo que he reunido cierta experiencia. Como ya he contado varias veces, he pasado cosas buenas y malas, de las malas aprendí más.Antes de estas, confiaba en todo el mundo y me parecía que nada podía pasar.
*Por ejemplo, que no hay que confiar en todo ni en todos.
*Que andar sola de noche, o de día, no siempre es conveniente.
*Que hay que elegir lugares y gente con las que interactuar, no todo es bueno y sirve.
*Que couchsurfing es un muy método para ahorrar en hospedaje pero hay que leer siempre las referencias,  aún leyendolas a veces fallan porque no todo es lo que parece ni todo es como dicen que son, también sirve, siempre,  tener un sexto sentido.
Ya con ganas de tener nuevas aventuras y visitar nuevos lugares, encontrarme con culturas diferentes, ver algo que me deslumbra o sorprenderme sin esperarlo, escribo algunas cuestiones que me parece hay que considerar a la hora de viajar y sola.
No es lo mismo escribir después de un tiempo de viajar y estando en un lugar quieta que escribir y estar en el mismo lugar y contarlo fresco, como cuando sacás el pan del horno calentito y te lo comés o, en cambio, comés pan desde hace días y tiene otro sabor. Bueno así es escribir después de varios días, por no decir meses de no agarrar la computadora y ponerme a tipear.
Extraño viajar y mucho pero, por otro lado, estaba cansada, y sigo estándolo, de cambiar de lugar a cada rato, de no tener mi lugar, mi espacio.  Aún no lo tengo pero voy en busca de ello pero se que será temporal porque se que en un tiempo, no muy lejano, voy a tener ganas de seguir viajando. Claro que los años pasan y con ellos las ganas de viajar de un modo u otro cambian.
No creo que me canse de viajar mochileando con la mochila para todos lados, lo que quizás me canse es de hacer dedo, chupar frío o calor. No me puedo anticipar a los hechos ni hablar de algo que no ocurrió pero con los últimos viajes hechos por el país disminuyeron mis ganas de hacer dedo.
No se si les conté pero en el viaje por la Patagonia, que me llevó casi seis meses (volví nuevamente hace poco al sur) agarré sólo dos colectivos. Me fui hasta Ushuaia haciendo dedo. Sí, por eso me cansé un poco. Fueron miles y miles de kilómetros pero ya volviendo  con tantas cosas, dos mochilas y no de viajeros, dos bolsos y una valija con una rueda menos más una cartera, era muy dificil trasladarse. De hecho lo hice en Bolivar pero fue por un episodio particular y estaba fuera de si, ya les contaré en otro momento.
Los tiempos cambian y también las ganas de hacer unas cosas u otras. También la paciencia.
Es hora de descansar, aunque descansar de  una manera diferente, trabajando en la docencia, algo que nunca me hubiese imaginado pero como bien dice el dicho " nunca digas nunca".  Cuando hablo de descansar me refiero a parar de viajar momentáneamente pero planificando o pensando un nuevo viaje a un corto o mediano plazo.


Un lindo atardecer 

Haciendo lo que más me gusta en Gaiman

Atardecer en Las Grutas

Pirámides
 

Las grutas

Paréntesis


Estuve desaparecida, pero no del todo, haciendo otras cosas. Momentáneamente dejé de viajar, por un lapso que aún no sé porque depende de algunos factores. El clima, el ambiente laboral y social, posibilidades de crecimiento profesional, nivel de vida  son algunos de ellos.

Mi objetivo cuando decidí viajar por la Patagonia fue llegar hasta Ushuaia y así fue. Estuve en el fin del mundo alrededor de una semana, recorrí lugares y conocí algunas personas con las cuales hoy no tengo contacto. Me gustó mucho la ciudad ( y empecé a escribir un post sobre eso que tengo que terminar) pero el frío hizo que no me decidiera a establecerme por un tiempo allá. Seguí viajando, siempre a dedo, y volví a visitar algunos lugares donde ya había estado y otros, los menos, en los que no. Fue así que llegué a la capital chubutense y a una playa que se encuentra cerca, Unión.

Mi objetivo primero del viaje era recorrer a dedo la fría Patagonia, visitando lugares como Bariloche, Villa La Angostura, San Martín y bajando hasta algunas ciudades de Santa Cruz como Calafate y Chaltén, donde lamentablemente perdí varias fotos del teléfono porque se me mojó en uno de los paseos que hice a los diferentes senderos.

El otro objetivo era descansar del viaje ( porque estaba cansada de hacer dedo y cambiar de casa cada dos o tres días ) y quedarme en un lugar con playa a trabajar como periodista. ¿Algo muy difícil? No sé, pero quizás no fácil por el medio agreste en el que se vive, no lo digo sólo por el frío, sino más bien porque el periodismo vivencia, en menor o mayor grado, un machismo implícito y poco disimulado que no es nada apetecible. ¿ Por qué digo esto? Porque actualmente lo estoy viviendo de algún modo. Quizás mucha gente no hable de ello por miedo, por timidez, por inseguridad o por vaya a saber que motivo. Yo no voy a ocultar, porque mis valores no me lo permiten, una verdad, le guste o no a quien sea. Me pueden llamar chocante,que no le gusta mi personalidad o hasta indiferente o la tontería que sea pero no voy a dejar de ser ética  por agraderle a quien sea y no voy a permitir la falta de respeto o educación.

Que te digan " No podés hablar mal del gobernador" es algo que me choca, no porque quiera o tenga argumentos para hacerlo sino porque transgrede la función del periodismo, que, entre sus funciones, es la de informar más allá de que perjudique o no la figura de alguien.  Obviamente me van a decir que esto pasa y mucho, que hay que adecuarse a las  políticas del medio, que bla bla y bla pero para mí es difícil de aceptarlo y a esto voy cuando hablo de que es un medio agreste porque pasa en todos los ámbitos y es patético.


Esto, aunque no parezca, es parte del viaje. ¿Por qué? Porque aún sigo aterrizando, aún sigo pensando que en algún momento me voy a ir, porque aún sigo pensando que no tenemos raíces para aferrarnos a un lugar y sí alas para volar si ya no podemos estar bien o querer vivir en un lugar. No existe el lugar perfecto, lo sé, y lo dije varias veces y estarán de acuerdo o no. Con esto no quiero decir que lo vaya a encontrar, quiero decir que hay que tratar de estar de la mejor manera posible ( hasta me suena raro cuando lo digo pero es así).

Ahora, momentáneamente y no se por cuanto tiempo, porque nunca lo sé, voy a parar un poco de viajar físicamente aunque siquica y mentalmente siempre lo voy a hacer.  Estoy en una etapa en la que necesito dedicarme a la carrera que tanto tiempo me llevó, en la que quiero hacer otras cosas. Por ahora es esto, después se verá.



El peligro de viajar siendo mujer...y sola


¿ Viste cuando tenés tantas cosas o tantas sensaciones encontradas que parece como que vas a estallar por hablar o descargarte? Bueno, eso. Viajes, caminos, kilómetros, gente distinta todo el tiempo, lugares diferentes, camas diferentes, cocinas diferentes, puertas diferentes, ventanas diferentes, olores diferentes, voces diferentes.Tantas experiencias acumuladas cuestan compendiarlas en unas pocas líneas y más cuando hay varios sentimientos en el medio.


 Quizas llame la atencion el titulo porque siempre hablo de todo lo contrario, no es que haya cambiado de opinion ni mucho menos pero siempre existen los riesgos. En todas partes, en todos lados pero  viajando se esta mas expuesta.  Me cansa, me jode, me molesta, me pone nerviosa tener que escribir esto porque el mundo ya no es el que era.

Cuando una persona que recién conozco me cuenta que está casado hace 37 años y que tiene tres amigovias que conoció por internet y que una tiene quince años menos, otra la misma edad, y que está casada, y que la tercera le lleva trece años ahí, en ese momento, se me pasa el temor que leo en los diarios o en las redes sociales y pienso en lo interesante que sería contarlo.

Otro me comenta que tiene cuatro hijas, la más grande de 25 años y la más chica de seis meses y que luego de estar separado con su primera mujer la tuvieron en dos encuentros amorosos y a escondidas, estando con la esposa actual que lo perdonó en las dos oportunidades. Ahí en ese instante me gusta viajar sola.

No es lo mismo esperar ( haciendo dedo) diez, quince, veinte o treinta minutos sola que una o dos horas con alguien. Claro que no.

Cuando tengo que esperar a alguien para ir a dar una vuelta, ir a caminar a la montaña o para comprar algo para comer, pienso que viajar sola es una buena idea.

No cambio, y no creo que lo haga en algún momento, el riesgo, la aventura, la posibilidad del peligro por la compañía de alguien que me puede dar la idea de andar más segura.

No voy a negar que a veces no se siente una sensación de inseguridad, de amenaza, de estar cerca del peligro o de riesgo ( aunque esto pasa muy seguido en diversos lugares y no necesariamente viajando) ,pero sigo eligiendo independencia, libertad antes que dependencia.

El hecho de viajar sola no da o no tiene que dar la posibidad a otra persona, que en la mayoría de los casos es hombre, de hacer algo que la persona que viaja, en este caso yo, no tiene ganas. Esto parece más que obvio, y hasta ridículo, pero no lo es. Si no no existirían los casos de violación, secuestro y demás que se conocen.

Y ahora aclaro que en realidad nunca estoy sola. Cuando me encuentro con el chofer que me cuenta acerca de su familia; cuando voy a la casa de alguien como couch; cuando camino en la calle; voy a un hostel o cuando como. Nunca estoy sola. A veces conozco gente muy interesante, interesante y otras no tanto.

Pero la cuestión en este post pasa por otro lado. Muchas veces he oído una frase que encierra palabras de aliento, asombro, hasta de piedad y compasión al mismo tiempo.
"Que valiente sos para hacer dedo sola, yo no lo hago ni loca".  Quizás algo de verdad
exista detrás de estas palabras. Muchos se preguntarán por qué lo hago. La respuesta es más que una, y hasta sencilla.

 En primer lugar no implica inversión monetaria (aunque en este mismo momento puedo intuir que alguien pensará que a veces lo barato sale caro, y en algunos casos es verdad). En segundo lugar, conozco gente. En tercer lugar, me aburro de los colectivos y viajes largos porque son monótonos y, por último y  si no me olvido de algo,  se me hace más corto el trayecto porque no hay paradas interminables o entradas a pueblos a buscar gente y porque me cuentan historias increíbles, que no necesariamente tienen que ser ciertas pero si interesantes de contenido.

No te voy a negar que cansa. Sí, y mucho. Pero creo que en la  vida todo cansa. Todo lo que se haga en exceso, sin motivación y sin ganas. No estoy diciendo que es lo que me está pasando, sólo digo que hay cosas que cansan. Como cansa la rutina del día a día, cansa, por momentos, viajar todo el tiempo. Pero es un cansancio placentero porque hago lo que decidí hacer y porque lo elegí, no me puedo quejar, y si me canso paro.

Lamentablemente no vivimos en un mundo ideal, suponiendo ideal un planeta donde no existe el peligro ni la corrupción ni los tipos babosos ni la pobreza ni las drogas ni la lujuria ni los locos sexópatas o pajeros. La realidad es muy distinta y, se quiera o no, hay que aceptarla. ¿Pero que se puede hacer? ¿ Dejar de viajar por miedo a que pase algo? ¿Dejar de elegir independencia y soledad por ir "más segura" con alguien? ¿Renunciar al sueño de conocer culturas y gente diferente por estar más estable en un lugar? ¿Seguir en el mismo lugar de trabajo estresado e infeliz porque te da de comer y abandonar la idea de que podemos ser creativos y trabajar de diferentes cosas en el viaje?

No. Yo no quiero hacer ni elijo hacer eso. Elijo  viajar sola y la posibilidad de no depender de nadie ni de nada, con el riesgo que eso conlleva.




Otro Viaje




Hace mucho que no escribo, eso no es novedad, todos lo saben. Lo que no saben es donde estoy o que estoy haciendo. Sigo viajando, si, no se hasta cuando. Quizás hasta cuando decida que es el momento de parar ( momentaneamente), que puede ser dentro de no mucho tiempo pero tampoco mañana. No quiero dejar de viajar. Eso está claro. Pero tampoco quiero hacer dedo toda mi vida.

No quiero tener que aguantar a un gordo maleducado que fume marihuana y que cuando suba me pregunte, ironicamente:"¿ Te molesta que fume? o que me diga en el medio de la nada de la ruta 3: " Flaca, te dije que fumaba, no me rompas las bolas". No, no tengo ganas de aguantar a un tipo así, no tengo ganas ni necesidad. Pero el otro día, el domingo, no quería quedarme a las ocho de la noche en le medio de la nada, y siendo, educada, le dije que se había ido al carajo con lo que dije ( que casualidad, ahora estoy en un bar que se llama así, enfrente del mar).

Siempre respeté y me gusta que la gente haga lo mismo, es lo mínimo. Pero algunas personas no entienden el significado de mínimo. Ni siquiera de respeto y menos de educación. Eso lo viví el domingo. Ah...¡ pero no les dije aún que estaba haciendo y donde estaba! Bueno, ahora mismo estoy en el sur de Argentina, en Santa Cruz, y sigo viajando, eso se los había dicho. Hasta cuando no se. Pero sigo haciendo, lo que por ahora, quiero.

Salí ( mos) el 27 de diciembre, y después de un largo, rebuscado y sinuoso camino estoy en el sur. Era una deuda pendiente, no podía ir antes a otro continente sin conocer bien primero mi país. No era posible ni justo. No quería, básicamente.

En este viaje me han pasado muchas cosas buenas, y otras no tantas, pero lo interesante es poder contarlo y aprender, como siempre digo, de las cosas menos lindas. No me canso de viajar, creo que nunca voy a hacerlo, pero sí me cansan algunas otras cosas como hacer dedo, por ejemplo. No es que me canso de que me digan: "Tené cuidado", o " Que valiente sos", o " Que ovarios tenés". No, eso no me cansa. Lo que me aburre es, a veces, tener que esperar en el viento, en el calor o en el frìo  hasta que alguien tenga ganas de frenar y preguntarme a donde voy y quiera llevarme. Me cansa, tambièn, tener que hablar por hablar o responder algunas preguntas como: " Hasta donde vas?" o "Qué estás haciendo"?, es decir que me pregunten siempre lo mismo. Eso sí me cansa. 


Como decía, el domingo tuve un día complicado. Y estoy cansada de los días complicados. Hoy también. Pero ya hablaré de hoy en otro post. Siempre hay días buenos y días no tan buenos. Es normal. El domingo salí de un pueblo llamado Rada Tilly, si es muy raro el nombre, que está a unos quince kilómetros de Comodoro Rivadavia. Es como un barrio bonito y acomodado con mar de esta enorme ciudad petrolera,  poca prolija y poco turística.

Salí a hacer dedo antes de las diez de la mañana. Hacía calor y tenía muchas horas de viaje, más de seis. Caminé unas doce o quince cuadras más o menos, algunas cuesta arriba, hasta que paró una camioneta doble cabina. Era un matrimonio de unos 58 años cada uno. El viaje fue corto, una hora, la distancia eran menos de sesenta kilómetros. Se hizo entretenido y amenos porque veníamos conversando, tomando mate y comiendo unas galletitas-tortitas-tostaditas o algo así. Eran de Comodoro e iban a pasar la tarde a la casa de  la madre de ella. Fueron amables y en lugar de dejarme en la primera estación de servicio, pasaron por toda la ciudad y me llevaron hasta la que está en la salida. Cuando llegué no había mucho tránsito así que me fui a la rotonda. Pasaron varios autos pero no paraban hasta que frenó una camioneta, el tipo me dijo que iba a Las Heras, que está a unos 120-140 kilómetros de donde estaba. Le dije que iba a Puerto San Julián y me dijo que agarraba la ruta 12, que me quedaba de paso para donde yo iba y que después la enganchaba, a la ruta 3, que era la que tenía que tomar. Antes de subir le pregunté si estaba seguro que después podía continuar con mi camino, me dijo que si. Le creí, confié.

El recorrido fue, algo, ameno. El tipo es supervisor en una empresa minera. Es de San Luis y estaba viviendo en Caleta Olivia desde hacía ocho años. Me contó que estaba de novio y que su novia vivía en Comodoro. Le conté un poco sobre mi viaje, pero no tanto, porque ya me aburro de contar lo mismo. El viaje duró casi dos horas. Cuando llegué a la YPF y pregunté a algunos autos si iban para donde yo iba me dijeron que no estaba en el lugar correcto. Ahí me acordé de toda la familia del tipo. Entré a preguntar y ver el mapa, y claramente estaba mal ubicada. Había confiado y fue un error. No debería haber subido o debería haber tenido el mapa mentalmente correcto pero no fue así y el "tendría que" no sirve. Nunca entendí porque esta persona hizo lo que hizo, ni lo entenderé.

Me crucé y un camión paró.Le conté lo que había pasado y tampoco entendí. Entre mates, galletitas y charla se pasó el camino. A las dos horas estaba en el punto de partida, donde me habían dejado. Había perdido cuatro horas pero ya no podía hacer nada, renegar y quejarme era inevitable pero fue en vano. Después de una media hora de viento y bronca, paró un camión, detrás de este también había parado un auto. Era la mujer. Apenas asomé la cabeza para decirle donde iba vislumbré un gordo con un gorro azul y amarillo y una camiseta del mismo color. -¿ " De boca"?, le dije. Pero no había visto bien, era de Rosario Central. Ya la charla-conversación no había empezado bien.

Apenas subí, y después de decirle donde iba ( lo mejor de todo el viaje fue que iba al mismo lugar que yo),  me quedaban 350 kilómetros que fueron los más insoportables que recuerdo, me preguntó: ¿"Te molesta que fume"?, no, le dije, pensando otra cosa. Al cabo de unos minutos encendió un porro. Mi cara, seguramente, lo dijo todo, como siempre. Bajé el vidrio, estaba incómoda y el tipo se dió cuenta. "Flaca, te dije que fumaba, no me rompas las bolas",  me dijo el hombre que, aparentemente, no tuvo mucha educación. Por un momento dudé entre contestarle, bajarme en el medio de la ruta y en el medio de la nada o callarme. Primero elegí la última opción. Si le contestaba lo iba a mandar a la mierda y no era quedarme a las ocho de la noche en el medio de la nada y después de más de diez horas de viaje. Respiré profundo, me di vuelta, me puse los anteojos e hice que me dormía. Después de un rato el calor era insoportable. Tenía que dejar de hacerme la dormida para no hablarle porque tenía que bajar el vidrio y correr la cortina. Da vueltas el aire y me pregunta si me llegaba frío, el contesté que no, lo seguía moviendo y le decía que no. Le dije que prefería el aire de la naturaleza. Estaba molesta y lo hacía notar. Luego de unas horas de viaje le dije, educadamente, que no era adecuado lo que había dicho y que yo pensaba que era cigarro y no marihuana. Nunca me había pasado de encontrarme en una situación similar. Siempre hay una primera vez para todo. La charla no fue amena pero un poco más que hacía un par de horas.

La estación de servicio fue el punto de inflexión donde debía decidir si seguía o continuaba en otro vehículo. El viento, el cansancio, las pocas ganas de mover las mochilas nuevamente  y las ganas de llegar hicieron que permanezca en el mismo transporte. Ya quedaba poco para llegar.

Segunda parte en camino...



Cascadas en Villa La Angostura.

Parque Los Alarces, Esquel.

Montaña y ruta.

Parada en  el camino en Villa Traful